21 de junio de 2011

SNTE y SEQ, coludidos en la venta de exámenes de carrera magisterial

A pesar de un “blindaje” à la James Bond, el examen de carrera magisterial fue sustraído —una vez más—de las oficinas de la SEP. Denuncias de inconformes en Puebla, la Ciudad de México, en Quintana Roo y otros estados coinciden en los mismos puntos: miembros del sindicato de maestros les ofrecieron una copia del examen de grado a cambio de una “cuota de recuperación” (que oscila entre los tres mil y diez mil pesos), recomendándoles, incluso, hicieran una vaquita entre compañeros (¡eso sí es solidaridad de sindicato, chinagos!).


A quienes desearan utilizar este “beneficio sindical” les llegaría —también vía correo electrónico— una copia del examen o, en su defecto, las claves del mismo. Pero eso no es todo, si eres cuate o no te alcanza, también hay otras formas de acceder a estos beneficios: igual que con Avon o Mary Kay puedes volverte promotor del sindicato y formar tu propia pirámide de beneficios vendiendo exámenes. Basta que consigas a otros interesados en tu escuela y ¡hagas el círculo de la abundancia más grande! Tu premio: te darán “un adelanto” del examen sin costo, gratis, de brothers. Vamos, que yo ya puedo ver a estos novísimo promotores con un botón que diga: “Yo pasé mi examen de carrera magisterial ¡Pregúntame cómo!”, igualito que los vendedores de Herbalife. Más rápido que el SNTE no hay; no existe…

Las distintas cabezas estatales del tres veces honorable Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se mostraron sorprendidos de estos hechos y los reprobaron enérgicamente. Además que, cual “tabla gimnástica” todos aventaron la bolita —con harta sincronía— a los gutierritos de la SEP, quienes a su vez se la reviraron a los del SNTE y… bueno, qué bonito tenis de escritorio-de-burócrata. Los tichers campalmente se desentendieron de la situación, diciendo que estos menesteres sólo le competen al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación porque quesque ellos son un “organismo autónomo e independiente”.

Y sí, ya a nadie le sorprenden estos modos. La venta de exámenes es ya es toda una tradición, más arraigada que las pastorelas. Y como toda tradición que se precie, es fomentada por la SEP. Las deficiencias en torno a estas pruebas comienzan desde su elaboración, la cual incluso los especialistas en materia educativa desconocen (los de verdad, no los que apoyan las telenovelas como instrumento pedagógico). De ahí que Ángel Díaz Barragán, uno de ellos (de los de a-de-veras, pues) los considere una caja negra: “los especialistas no tienen información de los fundamentos técnicos con que se elabora, no se sabe qué se examina del docente y a qué tipo de maestro apela la evaluación. Esto parece peor que un secreto de Estado, con una gran corrupción”. (¿Dónde estás Wikileaks?)

Nos enfrentamos a una de estas mañas que le han dado en la torre a nuestro país: la corrupción instituida, que podemos entenderla como estos “procedimientos fuera de la norma establecida” que son establecidos como la “ley real”, como el verdadero proceder de las cosas. Y entonces coincidimos todos con Díaz Barragán, miembro del Instituo de Investigaciones sobre la Universidad y Educación de la UNAM, quien a parte de lo anterior se pregunta qué pasará con la famosa “evaluación universal del magisterio” cuando se llegue a instituir como obligatoria. No perseguir y castigar a todos los responsables, deviene en la crisis de las instituciones de la que antes habíamos hecho referencia en otro post.

Manuel Gil Antón, investigador de El Colegio de México recordó a propósito de estos eventos el escándalo de obsesas proporciones que se armó con la venta del examen de especialidad médica (ése que sí es una examen de armas tomar y que a muchos nos dejaría llorando debajo la regadera mientras comemos pastel). Cuando se dio a conocer la noticia, las autoridades en salud mandaron repetir la prueba, pero la SEP… bueno, pues… ¡telenovelas! Y como jocosamente refiere el investigador, es del todo contradictorio que Lujambio y Calderón se paren el cuello en materia educativa gritando a los cuatro vientos “que no se regatearan los avances en este sector” cuando de seguro pronto “estará a su venta en el metro por 10 pesos”. Sí, como refiere, es “una vergüenza nacional que esto ocurra, porque también es indicativo de que el sistema de formación de maestros en servicio está en el mercado, no en el esfuerzo de los profesores”.

Tolerar, cobijar e incentivar estos actos ponen en evidencia esta corrupción instituida de la cual nosotros participamos como espectadores silenciosos, dejando que pase y que pasen a fregar a nuestros chavos. Supongo que es tiempo para aplicar la salida de Edipo: sacarnos los ojos para, al menos, decir que no estamos viendo esta sarta de porquerías que nos andan enlodando el ánimo. Eso o comenzar a idear estrategias para que nuestra participación ciudadana en las escuelas vaya más allá de los comités de padres de familia.