Como un balde de agua fría cayó la declaración (MILENIO Diario, 19/II/10) del relator especial sobre el Derecho a la Educación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al decir que “la Secretaría de Educación Pública (SEP) está subordinada al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)”. La conclusión del funcionario de la ONU encaja a la perfección con la imagen que se tiene de ese desprestigiado sindicato y su dirigencia, y del papel que juega en la política nacional por tener un inmenso poder. Para la elaboración de su informe, el relator se entrevistó con investigadores de la UNAM y el IPN y con diversas autoridades de la SEP, incluyendo al subsecretario de Educación Básica. La única persona que no aceptó ser entrevistada fue, por cierto, la presidenta vitalicia del sindicato, la “maestra” Gordillo (MILENIO Diario, 24/II/09).
El SNTE, un gremio que rebasa el millón de miembros, se ha convertido en parte del poder político nacional e influye en éste como casi ningún otro actor. La señora Gordillo encabeza ese sindicato desde hace más de veinte años. El cargo fue un obsequio, en 1989, del entonces presidente de México Salinas de Gortari. Su astucia la ha colocado en un sitio privilegiado detrás del trono.
Queda claro que el SNTE se encuentra lejos de representar los intereses del magisterio. En contraste, está muy cerca de las decisiones que se toman en la administración presidencial actual, y de las que se tomaron en la de Fox. Su función es conseguir y negociar votos, designar funcionarios de alto rango, distribuir plazas magisteriales sin el criterio del mérito y hasta designar candidatos para alguna gubernatura, tal como sucedió recientemente en el estado de Veracruz. Tiene, como es bien sabido, un partido político propio: el Partido Alianza Nacional (Panal), cuyo registro le fue otorgado en 2005 y, que al día de hoy, sigue conservando.
El relator de la ONU calificó la relación del SNTE y la SEP como una “simbiosis atípica”. Con ello quiso decir que la organización gremial “interviene en las decisiones que sólo deben estar a cargo de la dependencia federal”. Llama la atención que cada vez que surge una crítica contra ese órgano sindical o su dirigencia, sale una voz gubernamental en su defensa. El desempeño de la señora Gordillo, no muy aseado por decir lo menos, cae en el terreno de la indiferencia, al menos ante las autoridades educativas y las presidenciales: es mejor tenerla cerca como amiga que lejos como enemiga.
La lideresa comete dislates frecuentes que la pintan como todo, menos como una mentora. Tuvo, en cambio, el poder para imponer al ex secretario de Educación Pública de la pasada “administración presidencial” en el primer sitio de sus listas plurinominales, y hoy en día es el coordinador de la fracción parlamentaria del Panal en la Cámara de Diputados. Lo mismo hizo con el actual secretario general del SNTE, quien en 2006 ganó una senaduría por ese partido.
Por el bien de la educación de México, cuya calidad es pésima, y por la dignidad de cientos de miles de profesores que intentan enseñar a millones de estudiantes con sueldos que bien podrían calificarse de raquíticos, se hace necesaria la reestructuración del sector educativo en su conjunto, empezando por el obstáculo más importante que es, sin lugar a dudas, un sindicato lleno de irregularidades.
México no prospera porque tiene un pueblo poco educado. La deficiente educación es un factor que alimenta, de manera significativa, la corrupción. Es bien sabido que un pueblo educado prospera, incluso en condiciones adversas. Una ciudadanía educada elige mejor a sus representantes. La educación es la condición necesaria y suficiente para el desarrollo de un país y del bienestar de su sociedad. Eso es lo que se ganaría si se eliminara esa “simbiosis atípica” que se ha establecido entre la SEP y el SNTE.
Es difícil, empero, que el sindicato del magisterio ceda un ápice de su inmenso poder. Su actual secretario general refutó al relator de la ONU con el argumento de que “somos pioneros en democracia sindical. Que esa organización es democrática, con libertad política e ideológica, donde se respeta la pluralidad…” (MILENIO Diario, 20/II/10). El propio titular de la SEP reconoce que el sindicato presidido por Gordillo es un “actor privilegiado para la educación básica” y discrepó de la conclusión a la que llegó el relator de la ONU. A tal grado llegó su desacuerdo que se estudia la posibilidad de enviar una nota diplomática por el dicho del funcionario de Naciones Unidas (MILENIO Diario, 23/II/10).
La semana pasada se difundió el dato de que el desplome del PIB fue de 6.5 por ciento. Diversos analistas económicos coinciden en que la expansión económica tendrá lugar hasta fines de 2011 o principios de 2012. Nuestro bajo desempeño económico no puede disociarse de la mala calidad de nuestra educación. Habría que aprovechar lo que el relator de la ONU sugiere para empezar a superar ese problema tan grande como es el tener una educación deficitaria por permitir la existencia de un sindicato cuyos principios responden a intereses personales.
jreyna@colmex.mx
El SNTE, un gremio que rebasa el millón de miembros, se ha convertido en parte del poder político nacional e influye en éste como casi ningún otro actor. La señora Gordillo encabeza ese sindicato desde hace más de veinte años. El cargo fue un obsequio, en 1989, del entonces presidente de México Salinas de Gortari. Su astucia la ha colocado en un sitio privilegiado detrás del trono.
Queda claro que el SNTE se encuentra lejos de representar los intereses del magisterio. En contraste, está muy cerca de las decisiones que se toman en la administración presidencial actual, y de las que se tomaron en la de Fox. Su función es conseguir y negociar votos, designar funcionarios de alto rango, distribuir plazas magisteriales sin el criterio del mérito y hasta designar candidatos para alguna gubernatura, tal como sucedió recientemente en el estado de Veracruz. Tiene, como es bien sabido, un partido político propio: el Partido Alianza Nacional (Panal), cuyo registro le fue otorgado en 2005 y, que al día de hoy, sigue conservando.
El relator de la ONU calificó la relación del SNTE y la SEP como una “simbiosis atípica”. Con ello quiso decir que la organización gremial “interviene en las decisiones que sólo deben estar a cargo de la dependencia federal”. Llama la atención que cada vez que surge una crítica contra ese órgano sindical o su dirigencia, sale una voz gubernamental en su defensa. El desempeño de la señora Gordillo, no muy aseado por decir lo menos, cae en el terreno de la indiferencia, al menos ante las autoridades educativas y las presidenciales: es mejor tenerla cerca como amiga que lejos como enemiga.
La lideresa comete dislates frecuentes que la pintan como todo, menos como una mentora. Tuvo, en cambio, el poder para imponer al ex secretario de Educación Pública de la pasada “administración presidencial” en el primer sitio de sus listas plurinominales, y hoy en día es el coordinador de la fracción parlamentaria del Panal en la Cámara de Diputados. Lo mismo hizo con el actual secretario general del SNTE, quien en 2006 ganó una senaduría por ese partido.
Por el bien de la educación de México, cuya calidad es pésima, y por la dignidad de cientos de miles de profesores que intentan enseñar a millones de estudiantes con sueldos que bien podrían calificarse de raquíticos, se hace necesaria la reestructuración del sector educativo en su conjunto, empezando por el obstáculo más importante que es, sin lugar a dudas, un sindicato lleno de irregularidades.
México no prospera porque tiene un pueblo poco educado. La deficiente educación es un factor que alimenta, de manera significativa, la corrupción. Es bien sabido que un pueblo educado prospera, incluso en condiciones adversas. Una ciudadanía educada elige mejor a sus representantes. La educación es la condición necesaria y suficiente para el desarrollo de un país y del bienestar de su sociedad. Eso es lo que se ganaría si se eliminara esa “simbiosis atípica” que se ha establecido entre la SEP y el SNTE.
Es difícil, empero, que el sindicato del magisterio ceda un ápice de su inmenso poder. Su actual secretario general refutó al relator de la ONU con el argumento de que “somos pioneros en democracia sindical. Que esa organización es democrática, con libertad política e ideológica, donde se respeta la pluralidad…” (MILENIO Diario, 20/II/10). El propio titular de la SEP reconoce que el sindicato presidido por Gordillo es un “actor privilegiado para la educación básica” y discrepó de la conclusión a la que llegó el relator de la ONU. A tal grado llegó su desacuerdo que se estudia la posibilidad de enviar una nota diplomática por el dicho del funcionario de Naciones Unidas (MILENIO Diario, 23/II/10).
La semana pasada se difundió el dato de que el desplome del PIB fue de 6.5 por ciento. Diversos analistas económicos coinciden en que la expansión económica tendrá lugar hasta fines de 2011 o principios de 2012. Nuestro bajo desempeño económico no puede disociarse de la mala calidad de nuestra educación. Habría que aprovechar lo que el relator de la ONU sugiere para empezar a superar ese problema tan grande como es el tener una educación deficitaria por permitir la existencia de un sindicato cuyos principios responden a intereses personales.
jreyna@colmex.mx