Anwar Moguel


Sin el menor atisbo de prudencia, el líder de la sección 25 del SNTE, Emilio Jiménez Ancona, presentó las cartas fuertes de Elba Esther Gordillo para ocupar la codiciada Secretaría de Educación con lo que pretenden cobrar al gobernador electo Roberto Borge Angulo los honorarios por los servicios electorales otorgados en el pasado proceso por el partido Nueva Alianza, propiedad de la repudiada dirigente magisterial.
Los “propuestos” por el SNTE para dirigir los rumbos de la educación en el estado son sin duda políticos quemados, con amplia experiencia en vivir colgados de la leche presupuestal de una y mil maneras sin necesidad de demostrar productividad alguna. Tal es el caso de Alexander Zetina que llegó al Congreso por la vía plurinominal y su único trabajo visible es el de administrar su riqueza que cada día llama más la atención. Por su parte Jorge Milián es subsecretario de gobierno, lo que significa que no hace nada desde hace mucho tiempo.
El tercero en discordia es Florentino Balam, quien pese a contar con suficientes tablas en la arena pública, desde hace varios años se encuentra realizando trabajos de poca envergadura como un chalán segundón, por no decir que su mejor época es cosa del pasado.
Mal haría Roberto Borge en dejarse presionar por el poder del SNTE y tomar a la ligera la decisión de quien será el responsable de la educación en Quintana Roo, pues ceder el puesto al SNTE representa dejar en sus manos el poder total para manejar a su antojo el destino de miles de niños y jóvenes quintanarroenses.